Aún recuerdo la hermosa mañana
en que te vi, ese hermoso horizonte que cubrías al pasar ese brillante mar que
no dejabas apreciar, ya que cuando te veo no hay más que tu belleza, la que se
puede apreciar. Pasabas con un magnifico
caminar y dejabas rosas en mí alma al pasar algo en mi quería amarte, amarte
hasta el final a mi final y más aquel sol que brillaba con tus pelos de jazmín
dorado y yo solo en las veredas de tu andar. Te miraba
bajar los peldaños a la arena, te seguí, quizás no era yo el que te seguí algo
místico y precioso poseía mi corazón y te di mi amor, mi vida y mi alma con una
sola mirada encandilada de belleza absoluta y tú me miraste, tus ojos una
mirada tan dulce como azúcar entre la sal y una palabra salió desde mí
estremecida garganta, en el instante que los nervios hacían temblar cada lugar
de mi ser y tu celestial voz golpeo mis oídos, eras tú, me preguntaste que
quería y yo te respondí que conocerte y así empezamos a hablar y de manera
insólita nuestros gustos y miradas coincidían.
después de un rato nos tomamos de las manos y caminamos por las orillas del mar que con envidia la miraba, cada cabello de oro que tenía hacia poesía con el viento y la luz del sol se me hacía penumbra con las luces que dejaba en mi alma tan solo con pasar empezamos a jugar con aquellas olas que bañaban tu precioso cuerpo y las horas pasaban como minutos y nos fuimos a un requerido y desde lo alto de una roca presenciamos la más hermosa puesta de sol y nos besamos, cerré mis ojos y tú también los tuyos, y fui poseído por tu amor, abrí mis ojos y un sin fin de estrellas nos miraban desde un desolado confín, pensé en amarte por siempre y hacerte mi mujer.
Era todo perfecto solo éramos tú, yo y el gigantesco mar de amor que nos bañaba, yo te amo demasiado eres tan hermosa y la pasión prendía en fervor de nuestras venas, nuestros cuerpos mojados ya se encontraban a tal punto en que nada se puede controlar nos besamos hasta que tus labios y los míos se llenaron de sal, nunca imagine aquella dulzura de un beso salado, te abrase y nuestras manos empezaron a inspeccionar nuestros cuerpos mientras nos besábamos y tu mirada repentina me suplicaba hacerte mujer, nos desnudamos a la luz de la luna y te hice mujer. Tu figura rígida y hermosa se movía con las olas, en ese momento te solté y me fui, tú ya te habías ido.
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