Su frente partida en dos y mi alma
mientras sentí que éramos iguales, tu cuerpo y mi ser, ambos flagelados,
cantando el vacío del silencio, recitando al viento el sutil poema de la muerte
y la tierra aquel fonema de olvido, siendo mi única opción impedir su
ascensión, quizás te recuperare, quizás te acompañe. Así que empecé con mi
pieza cubierta de velas blancas invocando un mantra, y más que un conjuro.
Mirando al cielo y cerrando mis hojas cansados de llanto, repitiendo cada
palabra de aquel libro entregando mi alma a ese cielo estrellado. Así aparecí
flotando sobre su cuerpo todo imploraba su luz, tome su mano y ella la mía su
cara desconsolada miraba mis ojos de fantasma, invocando aquella luz que
enceguecía hasta el alma, soportando aquel tirón del cuerpo de su mano
agarrado, ya no estando aquí.
Desde el cielo como un platillo volador
que su luz nos llevaba, y con ella me arrebataba un beso despedida y su mano
que soltaba pero me aferraba con más fuerza de su torsos de sus piernas,
entrando con ella a la nave invisible de metales fríos donde algo más que el
cielo nos juzgaba. Miradas dolorosas de miedo en ojos del cielo suficientemente
fuerte ante el fluido de nuestras almas, sintiéndose uno un polluelo, y pensar
que todo eso era para empezar de nuevo en un zigzag que vidas sin sentido,
quizás preparado a verme en otros ojos y acatar mis errores sintiendo esta vez
el sentimiento de los otros, pagando mis karmas en la soledad de mi mente en
recuerdos relámpagos.
Pero había un sujeto y su voz era brillante, sus cabellos nevados, se veía en sus ojos púrpuras la claridad de la vida, tome la mano de mi amada pero al alcanzar su voz su cuerpo se desvanecía corrí a sus brazos pero ella ya no estaba, en el aire aún se sentía su dulce aroma. Así que disgustado mire a los ojos a aquel sujeto preguntándole que había pasado con ella. Pero sin darme cuenta todo se hacía más claro la luz en mis ojos quemaba, mi cuerpo se desvanecía y así volví a aquella habitación de velas prendidas en esa caja mirando su rostro llovido y esperando una lluvia de tierra.
Pero había un sujeto y su voz era brillante, sus cabellos nevados, se veía en sus ojos púrpuras la claridad de la vida, tome la mano de mi amada pero al alcanzar su voz su cuerpo se desvanecía corrí a sus brazos pero ella ya no estaba, en el aire aún se sentía su dulce aroma. Así que disgustado mire a los ojos a aquel sujeto preguntándole que había pasado con ella. Pero sin darme cuenta todo se hacía más claro la luz en mis ojos quemaba, mi cuerpo se desvanecía y así volví a aquella habitación de velas prendidas en esa caja mirando su rostro llovido y esperando una lluvia de tierra.
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