miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ni-colas

Ni-colas era un chico alegre de Valparaíso, día a día jugaba en la calle a atapar insectos para después vendérselos al caballero de la esquina, es que un trabajo es un trabajo y este trabajo para mi parece un juego decía, Ni-colas presumiendo de su habilidad. Aunque su trabajo era mal visto por la mayoría de las personas, ya que un hombre de 30 años no debería vivir de la recolección de insectos, era absurdo y se sospechaba que había algo atrás de este extraño trabajo. Recuerdo que era un día viernes cuando con Julito el niño con problemas mentales que vivía en la casa del lado salimos a espiar a Ni-colas, y nos pusimos en la plaza a no hacer nada más que verlo, era verdad él estaba sacando chanchitos de tierra y metiéndolos en un frasco, tenía muchos, pero no demasiados, estaba asombrado con la facilidad que el tenia para agarras un insecto, otro se abría asustado con una araña, pero él tenía 3 en ese frasco.
No podía seguir viendo de lejos como él lo hacía, y le dije a Julito que le preguntara sobre lo que hacía, él fue y le pregunto, después me llamo y tuve que ir, Ni-colas me dijo: te interesa entrar en el negocio, algo asustado dude un momento, pero al pensarlo bien esa era la excusa para ver bien lo que hacía Ni-colas. Pasamos todo el día recolectando insectos con Julito, él nunca decía nada, pero si, se entretenía sacando insectos, sucedía algo extraño ahí, ya que al mirarse con los insectos, era como si estos lo miran de una forma extraordinaria. Eran las siete de la tarde y Ni-colas dijo que era hora de entregar los insectos y fuimos, era una casa muy vieja y parecía abandonada, Ni-colas tenía las llaves y entramos, más adentro se llegaba a ver la suciedad, Ni-colas prendió las luces, y lo que vi fue algo extraordinario, había un tipo anciano en una mesa, estaba lleno de polvo blanco, todo lo de la casa estaba roto, pero antes que pudiera ver más Ni-colas nos dijo que fuéramos donde el estaba, entramos a lo que era una cocina, Ni-colas saco un sartén y metió en el los insectos, que se empezaron a freír con un poco de aceite, yo quedé sorprendido de lo que pasaba, era algo ilógico, pero no pude pensar mucho julio empezó a asustarse y reventó su botella con insectos contra la pared, grito nooo, déjenlos, Ni-colas se asustó con lo agresivo que se puso Julito, y lo hecho de la casa, yo le pase mi frasco a Ni-colas apenas regreso, y el empezó a freír a mis insectos, Ni-colas saco los insectos fritos y los puso en un plato y fue donde el anciano, poniendo en la mesa platos y servicios.

Nos sentamos en la mesa Ni-colas me ofreció un plato con alrededor de diez bichos, pero yo le dije que no quería, el aparto la mida de mi con desprecio y comenzó a darle de comer al anciano, Ni-colas le daba y le daba insectos y el anciano no se movía, había algo que me perturbaba, el anciano no se había movido jamás, yo lo mire y le pregunte de forma desubicada, debo admitirlo, pero él me respondió, a mi padre le gustan los insectos, los come todos los días, mira lo feliz que esta, en ese momento fue cuando vi la verdad, frente a mí había un cadáver, era solo huesos e insectos fritos, no tenía ni siquiera carne, era seguro que tenía mucho tiempo de muerto, hasta años, me moví con delicadeza hacia la puerta, pero Ni-colas lo percibió, y me dijo a dónde vas espera, yo le respondí asustado estas alimentando a un muerto con insectos estás loco, Ni-colas me miro y no entendía, Salí de la casa, y fui a la mía, pero nadie me creyó, y nadie me creerá, porque de ese momento nunca más se volvió a ver a Ni-colas.

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